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Etologia >¿Su perro muerde? (2ª parte)

M.V.Z. Bertha Molnar
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Continuaremos con el tema de los motivos por los que un perro puede llegar a agredir.

Agresión posesiva.
La podemos observar cuando el perro ya se encuentra en posesión de algo que a él le resulta muy importante; como puede ser su juguete favorito, una carnaza, un trozo de carne, un hueso o simplemente su plato con alimento. Si bien pudiera ser un tipo de agresión que se podría encontrar en un perro dominante, lo cierto es que no es difícil que un animal subordinado presente esta conducta tratando de defender su alimento ante uno de mayor jerarquía. Veremos que tanto hembras como machos pueden presentarla. Aunque es más frecuente que la manifiesten perros adultos, no están exentos los cachorros, quienes desde sus primeros meses de vida pudieran mostrar este tipo de conducta, cabe decir que si es este el caso, resulta más preocupante que con un adulto y deberá corregirse lo antes posible.

Con un trabajo correcto de obediencia, mucha manipulación por parte de los dueños y estableciendo continuamente su liderazgo sobre el perro podemos prevenir y/o modificar este comportamiento.

Agresión predadora.
Recordemos una vez más que el perro tiene instintos que le hacen reaccionar de una manera natural ante determinados estímulos, este es el caso de la predación. Podemos ver como, aún siendo un perro doméstico, si tiene la oportunidad, puede poner en juego este instinto: acechará a su presa, la perseguirá hasta cobrarla con la finalidad de morderla, matarla y comérsela. Ahora, pensemos que clase de situaciones pueden hacer que se inicie esta predación, pues simplemente seres en movimiento, que van desde los autos mismos, niños jugando, corredores, personas en bicicleta incluso los mismos ruidos pueden provocar que el animal fije su atención en lo que se convertirá en la presa a seguir. El que un perro persiga a su presa no implica necesariamente que vaya a matarla y comerla ya que puede llegar a detenerse en cualquiera de las fases.

La agresión predadora se presenta tanto en machos como en hembras y la podemos observar a cualquier edad, aunque por supuesto no todos los perros presentan la misma intensidad. Obviamente uno que tenga muy marcado el instinto de presa será un perro al que siempre le debemos tener más cuidado, algunas de las características que podemos ver en ellos son por ejemplo una mirada fija hacia la persona o el objeto que se mueve o que emite ruidos; resulta muy difícil lograr que el perro atienda al llamado que se le haga, ya que se encuentra concentrado en el acecho.

De nuevo el trabajar con su perro en obediencia y liderazgo puede ayudar pero al hablar de una reacción instintiva el pronóstico no es muy favorecedor. Deberá tenerse mucho cuidado con bebes y niños pequeños.

Agresión territorial o protectora.
Hablamos de este tipo de agresión cuando el perro puede agredir a otro animal o incluso a una persona que él considere que no forma parte de “su” manada y que por consiguiente se está metiendo en un terreno que no le pertenece. Puede desencadenarse también cuando se acercan a los miembros de la familia a la que pertenece el perro. Si nos ponemos a pensar que muy probablemente fue esta una de las características que hicieron que el hombre aceptara al perro a su lado y que muchos de nuestros ejemplares nos proporcionan gran seguridad por esa protección que brindan, lo cierto es que una agresividad excesiva tampoco es deseable. Sabemos que hay razas que son más territoriales que otras y debemos tomar esto en cuenta al momento de seleccionar al perro que queremos a nuestro lado.
Liderazgo, trabajo de obediencia y socialización temprana son de nuevo los elementos que nos permitirán reducir o eliminar, según sea el caso, esta manifestación.

Agresión desviada.
Como su nombre lo indica, se trata de una agresión que recibe alguien que no tenía nada que ver con el motivo original de la excitación. Quizá la más común sea cuando el propietario se acerca a tratar de separar a su perro de una pelea, el alto grado de excitación del perro provoca que, al acercarse el propietario, sea él quien resulte con una mordida. Esta agresión la podemos encontrar tanto en hembras como en machos y por lo general la presentan más los perros adultos que los cachorros.

Los perros que se concentran en el estímulo de tal forma que resulta prácticamente imposible distraerlos, animales con alto grado de territorialidad y también ejemplares que no se les tenga un buen control en cuanto a liderazgo y obediencia pueden caer en un pronostico reservado. Con este tipo de perro debemos estar muy atentos para prevenir y evitar los estímulos que desencadenen tal grado de excitación.
Recuerdo el caso de tres perros que vivían en una terraza por la que veían pasar a las personas y a otros perros, eran dos hembras y un macho, una de ellas era extremadamente dócil y los otros dos, se unían para ladrarle a los perros que venían por la calle, en más de una ocasión tuve que ir a atender a la perra, pues había sido mordida por los otros perros por el sólo echo de “estar cerca” en el momento de su excitación. Terminaron por dejarla a ella por separado para evitar seguir siendo lastimada sin deberla ni temerla.

Agresión aprendida.
Este tipo de agresión podríamos mencionar que se le puede achacar al dueño más que al perro, él puede ser quien le haya enseñado al animal a responder con agresión, cuantas veces hemos visto como el propietario, quizá hasta jugando, le enseña y le premia a su perro que debe morder, ya sea a otros perros o a las personas.
Otra forma de reforzar la conducta agresiva y con ello hacer que su perro lo aprenda como tal, es cuando el perro gruñe o intenta morder y el dueño en un intento de corregirle, le habla de manera cariñosa e incluso lo acaricia, sin saber que lo que está logrando es exactamente lo contrario, ya que el perro aprende que le están premiando esta conducta.
Aquí lo aconsejable es instruir al propietario de cómo comunicarse asertivamente con su perro para no mandar mensajes equivocados.

Agresión hacia las personas.
En los perros de edad avanzada y que se encuentran sometidos a cambios en su forma de vida o bien presentan problemas de salud con manifestación de dolor al moverse, en irritabilidad por cuestiones hormonales, por problemas de tipo sensorial (fallas de tipo visual o auditivo), problemas para la masticación de sus alimentos, etc. pueden contribuir a que se presente la agresión hacia las personas. Se puede presentar también la agresión hacia los niños pequeños debido a la ansiedad o el miedo que le pueden provocar al perro anciano.
El trabajo que se haya realizado con el perro durante toda su vida se verá reflejado en su etapa de vejez pero no debemos olvidar que ahora la situación misma del animal a cambiado, desde su capacidad de tolerancia, su percepción de los estímulos y su estado general de salud, así que seremos nosotros los que daremos la pauta para una convivencia armónica entre los miembros de la familia y nuestro amigo.

Agresión por juego.
El juego es una conducta normal, sobre todo en los perros jóvenes. Es característico de los cachorros el jugar entre ellos de una manera ruda incluso, esto es también un aprendizaje de cómo deben regular su trato con sus semejantes. El riesgo puede estar en una agresión de juego que se sale de control y le va dando la pauta al perro para asumir una actitud de agresión dominante.
El cachorro falto de ejercicio es quien puede presentar más frecuentemente un grado de agresión que no es deseable. Es aconsejable que se observe con atención al juego de los cachorros y no se les permita manifestaciones de gruñidos y erizamiento del pelo, ya que esto puede implicar una manifestación conductual que va más allá del juego.
El correcto manejo del cachorro por parte del adulto puede dar un pronóstico favorable a este tipo de agresión, mención aparte merece el trato con niños pequeños y que no cuenten con vigilancia por parte de sus familiares.

Agresión asociada a las caricias.
Este tipo de agresión puede estar originada en el juego mismo y la forma como le permitimos al perro que responda a nuestras caricias. Si en el momento en que el cachorro está jugando con nosotros y comienza a morder, nosotros le seguimos acariciando le estamos reforzando este comportamiento. Ante la excitabilidad del perro puede ir aumentando incluso la intensidad de la mordida lo que llega a ser molesto para algunos propietarios adultos y a los niños termina por provocarles miedo a acercarse y/o tocar al perro.
El ejercicio, los paseos, la liberación de energía por parte del cachorro, así como el trabajo de obediencia y liderazgo nos dan un pronóstico favorable. La supervisión por parte de un adulto y enseñarle a los niños que no deben dejar que el cachorro los muerda ayuda a una buena interrelación entre ellos.Hemos mencionado razones por las que un perro puede presentar conductas agresivas, algunas de ellas perfectamente comprensibles, hay que entender la forma de manifestarse de nuestros perros y no provocar situaciones en las que, independientemente de que el perro nos quiera y nos respete, hagamos surgir los instintos y seamos nosotros y no ellos, los causantes de la agresión.

Por otro lado, si vemos con detenimiento, la mayoría de las conductas pueden evitarse o corregirse con trabajo, liderazgo, manipulación correcta. Si nos ponemos estrictos, desde la selección misma del cachorro, la raza, la edad del perro al llevarlo a casa, el trato diario, el respeto que se le exija pero también que se le dé, los juegos que se le enseñen, etc. son pilares importantes para edificar una sólida relación con nuestros queridos compañeros.

Es muy gratificante saber que nuestro perro nos quiere, nos respeta, nos acepta totalmente y que, nosotros podemos tocarlo, acariciarlo, llevarlo con nosotros con tranquilidad, podemos acercarnos a él sin temor, pero todo esto se construye día con día. Es el trato diario, es el compromiso de ser un buen dueño para un buen perro.

 

 

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