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Etologia >¿Qué pasa si no lo hago?

M.V.Z. Bertha Molnar
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Afortunadamente, cada vez son más las personas que al momento de adquirir un cachorro no sólo están conscientes de que habrá que darle atención y cuidados, sino que también tienen la disposición para responsabilizarse de cubrir un cuadro de vacunas y desparasitaciones periódicas. Igualmente, cada vez hay más propietarios que se interesan realmente en conocer algo sobre el comportamiento de su perro, su manera de relacionarse con ellos y algunos otros aspectos que favorecen la convivencia armónica.

Según va creciendo un perro, éste atraviesa por ciertas etapas que tienen características determinadas, de manera que si estamos pendientes de éstas, es posible anticipar qué esperar en cada una de ellas para poder actuar en consecuencia. Sin embargo, es muy importante que veamos este proceso como un todo que nos lleva a un final exacto: un perro equilibrado, maduro, confiado y confiable.

Si le parece bien, vamos por partes. La fase en la que usted, por lo general, lleva a su cachorro a casa (aproximadamente a los dos meses de edad) es la fase de socialización. En esta fase, el perro aprende –entre otras cosas- lo que es juego y lo qué no es, tanto en el trato con otros ejemplares, como con usted y su familia. Este también es un momento magnífico para presentarle una gran variedad de estímulos, ruidos, etc.

Poco tiempo después (de los tres a los cuatro meses de edad), el cachorro asimila lo referente a la ordenación jerárquica. Continúa asimilando mucho a través del juego pero es capaz de empezar a obedecer al jefe del grupo en el que está inmerso; no sólo no le cuesta trabajo, sino que además, saber que cuenta con un líder, le viene muy bien pues le da el sentimiento de protección y apoyo que necesita su perro.

Del quinto al sexto mes se establece la ordenación dentro del grupo; va identificando, uno a uno, los lugares de cada miembro de la familia y por supuesto, el que él puede ocupar.

Aproximadamente hacia el séptimo mes se encontrará con la pubertad de su ejemplar. Ésta es una etapa donde su perro puede cuestionar el liderazgo que hasta ese momento se había establecido. Por otro lado, es el inicio de la madurez sexual de su perro, lo que implica que ya hay hormonas circulando en su organismo y haciendo manifestaciones importantes como levantar la pata para orinar, sentirse atraído por una hembra en celo o empezar a confrontarse con otros perros adultos.

Posteriormente, hacia el año y medio de edad, vendrá --siempre y cuando se hayan hecho las cosas correctamente-- la fase en que se puede hablar de un perro adulto, hecho y derecho. Como verá, existen cuestiones importantes por trabajar con su perro en los momentos precisos para ello.

El que usted conozca las fases de desarrollo le da una ventaja muy grande, porque sabrá qué es lo que va a pasar con su perro, pero también me parece de vital importancia que tenga una idea muy clara de lo que puede pasar si usted no actúa correctamente respecto a cada una de estas fases.

Piense en su cachorrito de dos meses, por ejemplo. Él está en la “fase de socialización” y es también el momento correcto para ponerlo en contacto con una gran diversidad de estímulos. Pero ¿qué pasa si no lo hace? Pues que muy probablemente será un perro hipoestimulado, que cuando sea adulto no sabrá cómo reaccionar correctamente a ruidos, objetos, otros perros u otras especies y que puede tener una respuesta de agresión, de miedo o estrés a algo tan sencillo como estar cerca de un extraño porque para él esto es una experiencia desconocida.

Otro ejemplo es la etapa de la “ordenación jerárquica”, donde por la razón que usted quiera (falta de tiempo, exceso de cariño, trato permisivo, etc.) no se le hizo sentir que en esa casa había un orden y que ese orden estaba dado por usted. Así que, sin darse cuenta, se le fueron pasando los momentos en que le podía marcar los límites que debía respetar su aún pequeño compañero.

Podemos, incluso, extender aún más el manejo equivocado a la siguiente etapa: “la ordenación dentro de la manada”, cuando era éste el momento perfecto para obtener su reconocimiento como líder y que los demás miembros de la familia también tuvieran autoridad sobre él. Encontramos casos en los que los propietarios llegan a plantear el problema que tienen con su perro joven y la queja es más o menos la misma: “No me obedece”, “Le llamo y no viene”, “No se deja cepillar”, “No le gusta que le ponga la correa”, “Cuando juega con mis hijos, no los agrede pero los lastima… como ya es tan fuerte”, etc. Si bien estos inconvenientes pudieron haber sido corregidos a tiempo, ahora ya forman parte de su patrón de conducta.

Pero le tengo reservada aún todavía una muy buena: La “fase de pubertad”. Mencionábamos que en esta etapa, incluso el perro que ha sido correctamente orientado durante los meses anteriores, puede cuestionar la jerarquía de quien, hasta ese momento, había sido el líder, pero en este supuesto caso, donde se descuidó al cachorro... ¿cuál líder? su perro nunca ubicó a nadie en ese lugar. Sin corregir, sin establecer límites, sin presentarse ante él con la actitud adecuada, lo que se le dejó sentir es que lo que él hacía estaba bien. Nunca se le marcó una forma de disciplina. Así que llegado el momento, su perro ni siquiera tiene que cuestionar nada ni confrontarse con nadie… él se ha autonombrado el jefe, con base en todas las situaciones cotidianas en las que se hacía lo que él deseaba.

Sin darse cuenta ha transcurrido un año o año y medio y ya tiene frente a usted a un perro adulto, al que si le faltó socialización ahora podrá presentar reacciones no deseadas. Si no se le hizo patente la organización y límites dentro del grupo puede ser un dolor de cabeza el convivir con él.

Sería injusto y hasta ingenuo esperar que su perro tenga una reacción acertada a estímulos que no conocía y que se le presentan de primera vez cuando ya no le resulta tan fácil asimilarlos.

Intencionalmente he querido plantearle un desafortunado panorama de lo que puede ocurrir si no le presta atención al manejo adecuado de las etapas de desarrollo de su perro y se deja pasar el tiempo para trabajar correctamente en su desarrollo.

He tenido la oportunidad de ver casos de personas con sus ejemplares, que han logrado grandes mejorías en su manejo y en su relación diaria, pero, ¿no hubiera sido mejor empezar correctamente desde el principio?

Mientras más conozca algo, mejor puede trabajarlo. Si junto con el gusto de adquirir ese ejemplar, se adquiere el compromiso de estar cerca de él, orientándolo de la manera correcta, aprovechando esas características tan especiales de cada etapa de su vida en beneficio tanto de usted y su familia como de su perro, todos saldrán beneficiados.

Disfrute cada momento con su mascota, consiéntalo, apóyelo y quiéralo mucho pero también marque normas, límites y continuidad en su manejo. Tenga bien claro que está formando, día a día, paso a paso, el GRAN COMPAÑERO (así, con mayusculas), que usted se merece.

 

 

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